Plantarle cara al miedo en el cáncer de mama
Estoy viva y el miedo no me paraliza
Mientras escribo este texto, viene a mi mente Mercedes quien entre sollozos de desconsuelo me comentó un día que, tras ser diagnosticada de cáncer de mama, tenía tal opresión en el pecho que le cortaba la respiración, no pudiendo tampoco conciliar el sueño, ya que el miedo, ante el peligro potencial que este diagnóstico suponía para su vida, invadía todos los rincones de su mente, como si a partir de ese momento estuviera sometida a una especie de lotería en la que su vida estaba en juego.
Mas tarde puede entender de manera vivencial esa sensación tan desagradable de miedo y vulnerabilidad que sentía Mercedes, la cual también se activó en mi cuando tomada por sorpresa recibí la noticia de que tenía un tumor en la mama. Confieso que en aquel momento la idea de dejar de existir a causa de la enfermedad apareció en mi mente, como también aparecieron las diversas pérdidas que había tenido en mi vida por este motivo.
Y es que cuando una mujer recibe un diagnóstico de este tipo, su seguridad queda totalmente herida, y el miedo a perder la vida – justificadamente o no- puede sumirla en el abismo, sobre todo cuando se ha tenido algún familiar que ha fallecido por esta causa. De modo que, aunque se sepa que la ciencia ha avanzado mucho en este sentido, y que tener cáncer no significa que se vaya a morir por ello, este miedo nos invade, y nos llena de ansiedad, la cual hay que calmar, porque la enfermedad puede remitir.
Pero este no es el único temor que nos asalta, ya que el miedo en el cáncer de mama se conjuga en plural. Mes tras mes tenemos que lidiar con el miedo al dolor, a los efectos de los tratamientos en nuestro cuerpo, a las visitas al médico, a cómo va a evolucionar la enfermedad… Algunos de estos miedos se van quedando atrás en la medida que vamos superando las pruebas, sin embargo, al menos en mi caso, a pesar de que ha pasado mucho tiempo desde el diagnóstico y todo hay ido bien, la incertidumbre del mañana permanece de fondo en mí, manifestándose poderosamente cuando tengo que ir a las revisiones periódicas. Éste es un momento crítico muy inquietante.
Si bien es cierto que no hay que exagerar los miedos, porque la imaginación nos conduce muchas veces a ver las cosas peor de lo que son, tampoco hay que trivializarlos totalmente, pues algunos miedos tienen base lógica. Eso sí, aunque sea algo real y normal en esta circunstancia tener miedo nuestra energía debe dirigirse a no permitir que nos invada.
Dejarse arrastrar por esa sensación desagradable que aparece en nuestra infancia en forma de monstruo sólo agrava el problema, convirtiéndose en un obstáculo que nos mantiene bloqueadas y nos impide avanzar, ya que nos mete en un estado de conciencia confuso, limitado y oscuro que nos produce un gran estrés psicológico.
Por lo tanto, hemos de aprender a enfrentar y manejar esos temores, y aunque no podamos eliminarlos totalmente, al menos que podamos amortiguar sus efectos en momentos difíciles.
Pero ¿cómo se puede reducir el miedo?
E l miedo se aminora hablando de él, afrontándolo mentalmente o actuando sin más.
Los miedos hay que expresarlos.
Compartir sinceramente las preocupaciones y los miedos que te asaltan con personas queridas que simplemente te escuchen y te sostengan emocionalmente, puede contribuir a que estos se atenúen.
Hablar de ellos con profesionales, también te puede ayudar a tener una visión más realista y hacer que los mismos disminuyan.
Verbalizar los miedos en voz alta mientras caminas es otra forma de sacarlos fuera.
Otra opción para sacar el miedo es esta:
Tomas una profunda respiración por la nariz y visualizas que por la misma entra aire blanco y llena tu cuerpo. Cuando percibas que el cuerpo está lleno de dicho aire, expulsarás por la boca palabras que te conecten con miedo, las cuales saldrán acompañadas de aire negro. Esto lo harás durante cinco minutos.
Además puedes liberar el miedo haciendo el siguiente ejercicio físico con música.
Caminarás por la habitación moviendo los brazos como si te rascaras en la frente, en el pelo, bajo axilas, en la barriga, diciendo “fuera miedo”. Esto lo harás durante 4 minutos.
Pasados los cuatro minutos te pararás y te abrazarás cogiendo muy fuerte tus brazos de codos a muñecas.
Es muy importante liberar los miedos, y orientar nuestra mente hacia pensamientos de esperanza y vida, y pensar que obstáculos no van a faltar, pero que con la gran cantidad de herramientas que tenemos dentro, y todos los recursos de tratamiento que hay en cualquiera de sus estadios se van a ir saltando.
Los progresos actuales son enormes, y las posibilidades de curación cada vez más altas, por lo tanto, si a pesar de los miedos, abrimos nuestra mente a la superación, una perspectiva diferente se abre ante nosotras.
El miedo va disminuyendo a la hora de afrontar nuestra vida, cuando en vez de quedarnos paralizadas pensando en lo negativo que acontece, damos un paso más, nos juntamos con el enigma y vamos hacia la posibilidad, es como decir, “no sé qué va a pasar, pero yo sigo adelante buscando opciones que me hagan coger salud”.
Así que, cuando estés pensando y pensando, y anticipando cosas que te conectan con miedo que nubla tu horizonte, te propongo que:
- Empieces a mover tus piernas como si caminaras en el sitio, haciendo énfasis al posicionar en el suelo el talón (zona del pie relacionada con la mente), verbalizando en voz alta “SACO DE MI MENTE LO QUE ME PARALIZA Y NO ME PERMITE AVANZAR”, y vas diciendo en voz alta todos esos pensamientos que te impiden ir hacia delante.
- Por otro lado, yo te recomiendo que te vistas de blanco y rojo cuando tengas miedo, estos colores te ayudarán a conectar con fuerza (blanco) y vitalidad (rojo) y dejar el susto de lado.
- Además te voy a dar otra alternativa para cuando te sientas atrapada por el vestido del miedo:
- Visualizarás que abres tu armario, coges un vestido, te lo pones y tu miedo se diluye una milésima.
- Luego tomarás una profunda respiración, irás a tu armario real, cogerás una prenda, la que más te guste y le pondrás el nombre de FUERZA.
- Cuando entres en crisis de miedo, cogerás la prenda, te la pondrás físicamente y avanzarás en tu vida cotidiana con ella, te servirá de referente para ser consciente de que has entrado en una crisis de miedo la cual estás dispuesta a revertir y coger lo bueno que la vida te ofrece.
El miedo muchas veces es algo imaginario que nos bloquea, una vez lo ponemos delante nuestro y lo liberamos, es cuando tomamos las riendas de nuestra vida, y resolvemos. Por lo tanto, afronta el miedo y verás como va disminuyendo.
Y si el miedo es demasiado grande, lo mejor es pedir ayuda psicológica especializada.
Concha Chacón Bachiller.
NOTA: Si buscas recursos para seguir avanzando hacia la autosuperación puedes encontrarlos en el libro FUERZA Y VIDA. Guía de apoyo para transitar emocionalmente por el cáncer de mama. Ediciones Albores.