El cáncer de mama y el valor de la esperanza

Hacía pocos días que me habían diagnosticado el cáncer, cuando envuelta en la tiniebla mental que la noticia me había causado, apareció ante mí la imagen de un niño que en medio de la fatalidad miraba el horizonte donde brillaba el sol con fuerza. 

La imagen de este niño de bellos y profundos ojos negros que desde el corazón miraba lejos reavivó en mí el deseo de aferrarme radicalmente a la vida, ponerme en el lado de esperar lo mejor, y colaborar en la tarea de poder lograrlo, pues soy de la opinión de que no hay que quedarse con los brazos cruzados a esperar a que las cosas lleguen, hay que ser activas en la búsqueda de recursos, y hacer lo que se pueda sin auto exigencias y compartiendo, para que la balanza se incline hacia la salud. 

Así que, con ese deseo de querer vivir, y sostenida por la confianza que me ha proporcionado la vivencia de que tras pasar por momentos de pesadumbre y dolor ha vuelto un nuevo amanecer, abrí la ventana a la luz de esa palabra tan dulce llamada ESPERANZA, la cual no hay que perder, porque aunque el pronóstico de esta enfermedad sea a veces poco favorable, todas hemos oído hablar de personas que estando en situaciones difíciles de superar han salido adelante, pues la capacidad del organismo para la mejoría es grande, las células buscan la vida y hacen todo lo posible por sanar. 

Además, los avances científicos han traído consigo nuevos tratamientos que amplían las perspectivas de éxito, y muchísimas personas diagnosticadas de cáncer de mama logran curarse, ya que la enfermedad no tiene por qué ser el principio del fin, muchas veces puede ser un punto de partida para la reflexión o la base para realizar cambios en nuestra vida que nos lleven a vivirla con mayor autenticidad y satisfacción. 

Por lo tanto, hemos de creer en nuestro potencial para la auto superación y pensar que, con esa fuerza interior que todas tenemos, con el cuidado y las atenciones que prestemos a nuestro cuerpo, y la inestimable ayuda que la medicina nos proporciona podremos traspasar este bache. 

A mi modo de ver, puede ser muy reconfortante en esta circunstancia, contemplar la vida en su dimensión de esperanza, explorar las posibilidades, y con fundamento, adoptarla como actitud de conciencia, porque: 

La esperanza es un estimulante vital que orienta nuestra mente hacia la positividad, dispone favorablemente el ánimo, nos ayuda a afrontar con confianza la adversidad, y da oxígeno, y la oxigenación da al cuerpo movimiento y fluir, y esto favorece la salud. 

Asimismo, es un motor muy poderoso que activa el sentido de lucha, y nos da impulso para buscar las probabilidades de salir adelante y lograr en muchos casos lo que aparentemente era imposible de alcanzar, ya que hasta en las condiciones más devastadoras la vida encuentra el modo de abrirse paso, y a veces en este mundo tan enigmático y doloroso crecen flores en el asfalto, mostrándonos dentro del misterio del vivir que la fuerza de la existencia nos acompaña. 

Todas las personas necesitamos la presencia de la esperanza en nuestro viaje con la enfermedad, aunque sea como último recurso, como una pequeña luz en la oscuridad (venga de donde venga) que nos sirva de apoyo psicológico para sobrellevar la dureza de la realidad, la cual no sólo resulta difícil de soportar físicamente, sino que se hace también muy difícil en el terreno psicológico. 

Pienso que, aporta más tranquilidad en el desaliento abrirse a la posibilidad infinita, que cerrar las puertas y vivir sin ninguna esperanza, ya que si ante la fatalidad ésta desaparece, para algunas personas que se aferran a ella, solo queda la desolación interior, la desesperación y el miedo, y éstos abaten el espíritu , nos cierran a la vida, y producen un gran estrés que potencia el dolor físico y emocional, lo cual no juega a favor de la calma y el aliento que se necesita en los momentos difíciles. 

Como verás, la esperanza es una buena compañera de viaje, por eso, yo te animo a que te alíes con tu caudal de vida, y sobre la base real de tu diagnóstico – la enfermedad se combate desde lo real – a que camines en tu proceso con la enfermedad de su mano, sabiendo que habrá días malos, y que en esos días no es extraño que te sientas irritada, desilusionada, desesperada. 

Ahora bien, es importante que cuando las horas oscuras te hagan caer en el abatimiento y la desesperanza, que no dejes que ésta se instale durante mucho tiempo en tu mente, lo mejor es que te desahogues, que saques tu angustia, tu amargura, que liberes el dolor, llorando lo que tengas que llorar, escribiendo, compartiéndolo, saliendo al aire libre, poniéndolo en el elemento de la naturaleza que te conecte con luz y vida para que lo regenere… 

También, cuando entres en crisis de miedo o angustia, puedes visualizar un gran silbato verde (color asociado a la esperanza, y al brotar de la naturaleza en primavera) que te envuelve, el cual te servirá para que reacciones, cojas tu fuerza, y sigas adelante. 

El color verde además lo puedes utilizar como muleta en ropa, incluso puedes agregarlo a tu alimentación: lechuga, aguacate, coles de Bruselas, judías, guisantes, kiwi…etc. 

Todo ello te recordará que existe la ESPERANZA, ábrete a ese motor, y déjate inundar por ella. 

¡¡¡Que viva la ESPERANZA!!! 

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