La cirugía del cáncer de mama y sus implicaciones emocionales
Desde que se me informó acerca de la necesidad de realizar una cirugía, hasta que se llevó a cabo la misma, pasó un tiempo de preparación psicológica, en el cual experimenté una gran ambivalencia de sentimientos, por un lado, la intervención quirúrgica representaba para mí la extracción del tumor y con ello la posibilidad de curación, pero, por otro lado, el cambio que ésta podría provocar en mi imagen corporal y sus implicaciones me generaba un gran malestar psicológico. Muchas veces, en ese proceso previo, me miraba en el espejo y pensaba: ¿Cómo va a quedar mi pecho? ¿Seguiré siendo atractiva como mujer?… un montón de dudas acudían a mi mente produciéndome un gran estrés.
Es cierto que las explicaciones que me dio el cirujano acerca de las sensaciones que seguirían a la cirugía me ayudaron a situarme frente a ésta con menos incertidumbre. Sin embargo, aun teniendo toda la información, que permite aceptar mejor la situación, había momentos en que la inseguridad y el miedo me envolvía al pensar en el trance tan profundamente angustioso al que me iba a enfrentar. Y, no es extraño, pues la cirugía del cáncer de mama que supone en muchos casos la extirpación parcial, o por completo del seno, es una experiencia traumática, no sólo por el impacto físico que supone perder una parte del cuerpo, sino también por todas las connotaciones psicosociales que esta zona tiene para una mujer, al estar vinculada a la maternidad, a la feminidad, a la sexualidad y el atractivo físico.
Aunque cada persona se enfrenta a esta situación de manera particular, y unas cirugías son más invasivas que otras (depende de la complejidad de cada caso), en lo que al parecer se coincide es en que inicialmente habitar emocionalmente en este lugar es duro, sobre todo cuando se ha realizado una mastectomía total y no es posible la reconstrucción en la misma operación. Por ello, es muy importante en este proceso permitirse tiempo para progresiva y gradualmente ir elaborando las emociones que emergen, y adaptándose a los cambios que se producen en la imagen corporal relacionados con la zona específicamente implicada.
No resulta fácil asumir y manejarse en esta condición, muchas mujeres dicen experimentar una gran vulnerabilidad, angustia, tristeza, e inseguridad al contemplar que su imagen corporal ha cambiado, emociones totalmente consecuentes con la situación penosa que se vive, las cuales necesitamos legitimar y exteriorizar, bien sea hablando de nuestro sentir con alguien que simplemente nos escuche y comprenda nuestro dolor sin quitarle importancia, o llorando cuando el cuerpo nos lo pida, ya que la tristeza vinculada a la pérdida se libera de este modo.
¡Qué delicado es el momento en que contemplamos en el espejo la huella que la operación deja en nuestro cuerpo!, ahí está la herida, y luego la cicatriz, la cual tiene tantas connotaciones emocionales, que al principio al estar tan susceptibles solo mirarla hace que nuestra autovaloración como mujeres y nuestro estado de ánimo se quede afectado. Sin embargo, cada una a su ritmo, podemos ir sobreponiéndonos, y lograr poco a poco la recuperación.
¿Cómo?
Por una parte, contando con la comprensión, el apoyo y la dedicación de las personas de nuestro entorno más próximo, ya que después de la intervención quirúrgica pueden pasar algunas semanas hasta regresar lentamente a la vida cotidiana. Y, por otra parte, cuidando especialmente nuestro cuerpo, tanto a nivel interno, proporcionándole el bienestar que necesita, como a nivel de apariencia, concretada en el aspecto físico, el peinado, la ropa, los complementos, la lencería especial, la prótesis etc., poniendo en todo ello variedad y colorido, para que al mirarnos en el espejo nos agrademos y nos sintamos más seguras con lo externo.
Mirarse al espejo y que guste la imagen que te devuelve es clave para la autoestima, por eso, en esta etapa en donde estamos tan vulnerables, además de lo dicho, es importante para favorecer una buena adaptación a los cambios experimentados que, al mirarnos en el espejo no nos fijemos en lo que nos desagrada para no potenciarlo, ya que la energía reflejada en él retorna a nosotras; por el contrario, el fijarnos en lo que apreciamos nos ayuda a tener una actitud/ sentimiento más positivo hacia nosotras mismas y funcionar mejor. Por ejemplo, si nos gustan nuestras piernas, podemos focalizar la atención en ellas y decir: “ME ENCANTAN MIS PIERNAS Y A TRAVÉS DE ELLAS ME ENCUENTRO MEJOR CON MI CUERPO”.
Con la cara se puede hacer lo mismo, en vez de enfocar en lo negativo y decir “qué mala cara tengo”, hay que decir al lavarse “QUE BONITOS SON MIS OJOS, O MI SONRISA…, alguna parte de la cara que nos haga sentir bien, y así preparar a nuestra mente para que se estimule y actúe con positividad durante el día. Y, si a lo largo del mismo aparece el desánimo es importante calmar la mente de nuevo visualizando que nos miramos en el espejo, y decimos una frase agradable del cuerpo o de la cara, eso hará que suba la energía, nos sintamos más vitales, y creamos más en nuestro atractivo, relacionándonos mejor con los/as demás.
Sentirse bien con la imagen da seguridad, sobre todo en un mundo en el que la apariencia física se impone. Pero, no nos podemos consentir observarnos sólo desde lo externo, y en términos de bonito o feo, porque más importante aún que la superficie resulta trabajar lo interno, mirar hacia el interior y valorar y apreciar todas las cualidades que conforman nuestra identidad personal. Y no entrar en comparaciones, ni sentirnos menos bellas, o menos femeninas por tener una cicatriz, no hay que quedarse sólo con el aspecto superficial de la belleza, que es efímera, ni centrar nuestra autoestima sólo en lo físico, hay que ir más allá y potenciar el embellecer que es cuidar el cuerpo, la casa, las relaciones, y la vida, para coger fuerza, y sembrar bienestar.
Está claro que la operación deja una huella en nuestro cuerpo que no podemos cambiar. Sin embargo, lo que sí está en nuestras manos es reconocernos en lo que somos, en nuestros límites, fortalezas y capacidades, aceptarnos sin juicios para sentirnos bien con nosotras mismas, que es lo más importante, y cuidarnos adoptando hábitos de vida saludable, y estimulando a nuestro cuerpo con color, con palabras positivas, con movimiento que nos da flexibilidad y calma nuestra mente, con cambios que oxigenan, disfrutando de las pequeñas cosas, y cogiendo de la vida la cara que más nos sonría en cada momento, todo ello nos ayudará a minimizar los efectos emocionales que la operación trae consigo, y desde lo real marchar hacia un horizonte amplio y renovador.
Concha Chacón Bachiller