Aproximación emocional a los tratamientos del cáncer de mama

Aproximación emocional a los tratamientos del cáncer de mama

 Sobrellevar los tratamientos desde la fuerza y la positividad 

 Aquel invierno, después del golpe que supuso para mí el diagnóstico de cáncer de mama, (es una de las veces que he llorado en mi vida con verdadera congoja), todo se supeditó al tratamiento frente a éste. Las explicaciones del plan a seguir , que representaba la modificación de todo mi régimen de vida, estaban claras: cirugía, quimio, radio, y tratamiento hormonal, las cuales empiezo por confesar que yo acogí con cierta inquietud y con la perspectiva de que se presentaban nubes en el horizonte, pues sabía que los tratamientos no eran fáciles, pero también sabía que no había que quedarse con eso, que había que darle la vuelta y valorar lo positivo que me aportaban, ya que éstos son un recurso que nos brindan la oportunidad para poder superar el cáncer y alcanzar la salud. 

Por lo tanto, es importante asumir que forman parte del proceso de curación, y adaptarse a las circunstancias, sin generar inútiles resistencias hacia ellos, ya que, si nos rebelamos, si entramos en conflicto con los mismos nos estresamos y baja nuestra energía, y esto es algo que no nos podemos permitir. Nuestro cuerpo y nuestra mente tienen que estar unidos, aunando fuerzas para sobrellevarlos mejor y recobrar cuanto antes el estado de equilibrio del organismo. Ver los tratamientos como aliados convenientes y no como enemigos, influirá de manera importante en nuestro bienestar y recuperación. 

 Así que con este planteamiento decidí que mi tarea fundamental durante un largo tiempo iba a consistir en procurar llevarlos desde la fuerza y la positividad, lo cual no significaba negar los aspectos desagradables de estos, que claro que iban a estar, se trataba de no concederles el protagonismo, de poner el foco en la luz y no en la oscuridad, de buscar ante todo tener fuentes de vitalidad que me dieran bienestar, que me hicieran sentir bien en mi cuerpo, el cual como ya me habían explicado se iba a resentir a nivel físico, anímico y energético, necesitando por tanto de la energía vital para hacerles frente, y que sus efectos adversos en mi organismo fueran menores. 

Por otro lado, era importante ser paciente (el proceso es largo), e incorporar además de la aceptación, el positivismo en el ánimo como punto de partida, dada la predisposición que el mismo representa para motivarse, y adoptar prácticas de cuidado personal (alimentación saludable, descanso suficiente, etc.), ayudando a su vez a que las cosas sean más fáciles y fluidas. 

Está claro que los tratamientos tienen un impacto en nuestro organismo, pero igualmente cierto es que las actitudes con las que se enfrentan tienen unas consecuencias anímicas distintas, no es lo mismo si estás contenta o si te sumes en el lamento y la queja; el nivel de vitalidad se puede ver afectado en positivo o en negativo por estos y otros estados anímicos, influyendo a su vez en el sistema inmunológico, el cual necesitamos que esté fuerte. 

Ya sé por experiencia que no es fácil mantener una actitud positiva en esta situación, pero vale la pena intentarlo, pues los expertos nos dicen que la actitud negativa tiende a debilitar la fuerza, en cambio, acompañar el tratamiento médico con una disposición optimista y cooperativa, disminuye el estrés y favorece la receptividad y la mejor recuperación del mismo. 

Por eso, cuando te percibas desanimada, yo te sugiero que concedas a tu estado el valor que le corresponda, pero procurando no recrearte en él, es bueno que expreses, que compartas, que te desahogues si lo necesitas, y luego en la medida de tus posibilidades que des paso a un cuerpo activo, realizando actividades que te diviertan, te den alegría y bienestar, y a una mente positiva para que cuerpo y mente unidos actúen a tu favor. 

Además, para estimular estados de ánimo positivo es importante que cultives el sentido del humor, que rías y sonrías, pues la risa y la sonrisa estimulan la producción de endorfinas, encargadas de la defensa del organismo, reduciendo a su vez los niveles de cortisol (hormona del estrés), mejorando también las relaciones interpersonales. 

En esa misma línea también es bueno que mantengas contacto con la naturaleza, fuente de oxigenación, y que te rodees de personas positivas que te animen, apoyen y comprendan, que crees un entorno positivo en tu casa, poniéndola confortable, agradable, haciendo de vez en cuando pequeños cambios en la decoración, o cambiando los objetos que ya tienes de sitio, esto da oxigenación a la casa y a ti capacidad de adaptación. La casa es una parte fundamental en nuestra vida, al ser el espacio donde nos resguardamos y nutrimos, por eso es muy importante sentirnos cómodas y oxigenadas en ella. 

Y una recomendación, cuando sea el momento de recibir tu tratamiento, es bueno que antes pienses “yo estoy positiva a…”, y cuando vayas escuchando en tu entorno cosas negativas respecto a sus efectos adversos, automáticamente que tu digas, no, eso no es para mí, eso no es para mí, eso no es para mí. En esta situación lo que viene fácil y te da alegría es para ti. Cuando recibes información que te pone contenta, esto es lo que tienes que coger. Tienes que procurar que lo externo no altere tu mente, ni desequilibre tu cuerpo. Eso te hará sentir bien en tu piel. 

Si vas incorporando la positividad verás como es más fácil sobrellevar este periodo delicado de tu vida. 

Ánimo. 

Concha Chacón Bachiller 

Para obtener recursos adicionales, puedes consultar el libro FUERZA Y VIDA

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